
[Fotografía de Dereke Sanches, publicada bajo licencia Creative Commons]
La edición de 2008 de la Parada Gay de São Paulo se celebrará el domingo 25 de mayo. La Parada do Orgulho GLBT (gays, lesbianas, bisexuales y transgéneros), que es su nombre oficial, tendrá lugar en su espacio habitual, la avenida Paulista. En la edición de año pasado participaron, según las cifras oficiales, 3 millones y medio de personas, lo que le convertiría en la mayor del mundo (es difícil dar crédito a las cifras oficiales de manifestaciones y concentraciones en Brasil, de este o de cualquier otro género, pero ahí queda el dato; el segundo desfile sería el de San Francisco, con 1,5 millones de participantes).
A los que vengan a São Paulo para participar del desfile se recomienda que lleguen a la avenida Paulista en metro. En general, la concentración se caracteriza por la ausencia de incidentes graves. Los homófobos de la ciudad se recogen en sus casas ese día u organizan grandes concentraciones bajo los auspicios de la Biblia en otras partes de la ciudad.
En la página de la organización del desfile hay más información sobre el mismo.
Es interesante el éxito monumental de la Parada Gay en São Paulo. Las autoridades de la ciudad, independientemente de su orientación política o religiosa, y los empresarios del sector turístico, dan toda una lección de pragmatismo recibiendo de brazos abiertos el evento. Los pingües beneficios que ese fin de semana generan hacen que hasta los más conservadores se doblen al poder del dinero.
Una parte muy significativa de la población recibe de brazos abiertos la convocatoria. Algunos participan activamente, otros no, pero en cualquier caso vemos con buenos ojos que São Paulo se convierta por un día en un lugar en el que predomina el espíritu de tolerancia.
Y una minoría religiosa, cuyo tamaño no debe ser despreciado, contempla horrorizada cómo el pecado se apodera de São Paulo mientras sus representantes, con cargos políticos, elucubran nuevas y despreciables propuestas legislativas para poner coto a la transgresión de los preceptos divinos (con regularidad un concejal evangélico presenta una iniciativa legislativa para prohibir los besos de homosexuales en la ciudad; por ahora no ha llegado muy lejos con su propuesta).





















