Tengo que comenzar esta reseña aclarando que fuimos al Brasil a gosto por recomendación de una conocida, pero sin saber que la guía de restaurantes de la revista Veja lo había elegido como mejor restaurante de comida brasileña de São Paulo en 2007 (con el voto de 8 de los 10 críticos que elaboran la lista). Una notable distinción -especialmente si se tiene en cuenta que el restaurante fue inaugurado el año pasado- que entraña un riesgo evidente: el de una expectativa que después no se llega a cumplir.

Lo que nos atrajo al restaurante fue su propuesta. Ana Luiza Trajano, su dueña, viajó por Brasil durante cuatro meses en busca de ingredientes, platos típicos, secretos. Intentando entender la riquísima cultura de la cocina popular brasileña, que incorpora la artesanía, la música, las creencias, las pasiones, a la leña, las sartenes y los ingredientes. Si su planteamiento se hubiera resumido a la recreación de platos típicos regionales, no se habría distinguido en mucho de tantas otras opciones similares que ya existen en São Paulo. Lo realmente interesante es que Ana Luiza aprovechó lo que vio y aprendió para reinterpretar temas clásicos e innovar con nuevas propuestas.

El restaurante está en una casa de dos pisos completamente reformada en el barrio de Jardins, no muy lejos de la avenida Paulista. La planta baja es para fumadores, y la planta superior, mucho más bonita, para no fumadores. El salón está decorado con artesanía de diferentes partes de Brasil, como las xilografías del imprescindible genio pernambucano J Borges.

Después de degustar un delicioso couvert (unos inflacionados R$8 por persona el fin de semana; durante la semana, la mitad de precio), comenzamos la comida compartiendo una ensalada de calabaza [zapayo, ahuyama] con rodajas de queso de la Serra da Canastra, palmito ecológico y vinagreta con miel (R$20). Esquisitos sabores.

Dos platos principales (las porciones son individuales). Un pollo de corral con salsa de menta y verduras al grill. Sorprendió la suavidad del sabor de la menta, lo que no llega a ser un defecto. Delicioso de principio a fin.

Y una interesantísima reinterpretación del Nordeste de Brasil, una bóia-quente, inspirada en los recipientes con la comida que los jornaleros llevan al campo. El plato se sirve en un recipiente de cerámica que llega tapado a la mesa. Cada día de la semana el menú cambia, la bóia-quente del sábado era la Bóia Nordestina, con carne seca, paçoca (harina de mandioca molida con carne seca y cebolla, cuidado para no confundir la paçoca del Nordeste, salada, con la que se come en otras partes de Brasil), arroz y puré de calabaza [zapayo, ahuyama]. Atención, cuidado con la pimenta (guindilla, ají) que acompaña los platos, es auténticamente explosiva.

La variedad de postres igualmente apetitosos nos puso en un brete. La cuca quente con helado de miel y la torta de harina de anacardo con chocolate y mermelada de bacuri casi llegan en primer lugar, pero al final nos dejamos llevar por la corriente y pedimos el postre más popular de la casa, la cocada de forno com sorvete de limão (dulce de coco al horno con helado de lima). Una sorprendente y deliciosa combinación de dos pares de opuestos, frío y calor, ácido y dulce.

Nuestra valoración: al comienzo de la reseña hablé de expectativas frustradas. Cuanto más alto el listón, mayor el riesgo de no superarlo. Pero en el caso del Brasil a gosto tengo que confesar que nuestra experiencia gastronómica y sensorial superó cualquier expectativa. De la atención del servicio a lo agradable del lugar, del cariño en los platos a la música que acompaña la comida, todo en Brasil a gosto contribuye al deleite de los comensales. El único pero que cabe ponerle al restaurante es que no se trata de un lugar al alcance de todos los bolsillos. Aunque los R$72 que pagamos por persona (couvert, media ensalada, plato principal, medio postre y café, más bebidas no alcohólicas) puedan parecer poco para las clases más pudientes de Brasil, no permiten calificar al restaurante como una opción económica. Sin embargo, al contrario de lo que nos ha sucedido en otros lugares de renombre, en este caso sentimos que la experiencia justificó cada real que pagamos por ella. Si queréis daros el lujo de una experiencia gastronómica de calidad, en Brasil a gosto no os vais a equivocar. ¿VOLVERÍAMOS?: Sí.
Restaurante Brasil a gosto. Rua Profesor Azevedo de Amaral, 70. Jardim Paulista.
Página en internet.
Localización de Brasil a gosto en Google Maps. Se puede llegar al restaurante en un agradable paseo de 20 minutos (cuesta abajo) desde la avenida Paulista.