Este fin de semana tuvimos la ocasión de visitar el Ice Espaço, la versión paulistana de los ice bars (bares de hielo) que se han popularizado bastante en los últimos años.
Desde la calle no hay nada que indique la presencia del bar de hielo, que se encuentra en la parte del fondo de la tienda/bar Artespaço.
Antes de abrir la puerta azul que presagia gélidas temperaturas, los visitantes reciben un mullido anorak con capucha forrada, unas botazas y un par de guantes. Con ellos en la mano, se abre la puerta y se entra en una pequeña sala con varios pufs en los que la temperatura fría no asusta demasiado. Pero no hay que confiarse, se trata únicamente de la antesala del bar, un lugar en el que acostumbrarse a las bajas temperaturas y aprovechar para ponerse la ropa de abrigo.
Listos para el frío glacial, entramos finalmente en el bar de hielo propiamente dicho. La primera cosa que sorprende, al menos para alguien que viene del norte, es que hace mucho frío, pero no resulta insoportable. Te puedes quitar los guantes sin ningún problema, y hasta vemos entrar y salir a una persona del lugar en camiseta de manga corta y no se desmaya ni hay que tratarlo víctima de una hipotermia.
Las paredes del bar y todo el mobiliario está hechos de hielo. Los bancos (recubiertos con alfombras para poder sentarte), las mesas, la barra del bar. En el techo del bar, dos refrigeradores no paran de lanzar un aire polar dentro del ambiente. La entrada al bar de hielo da derecho a una consumición, que se sirve en un vaso de hielo, faltaría más. Consumida la bebida, el vaso se tira a la papelera.
Después de unos minutos dentro del bar la sensación inicial de que “no es para tanto” comienza a ser sustituida por una de “mejor me voy a abrochar bien el abrigo”. La cámara digital de nuestra amiga se niega a seguir funcionando, señal inequívoca de que la temperatura de -10 grados está comenzando a dejarse sentir. Consejo valioso, si queréis hacer fotos y vais a entrar con una cámara digital, guardadla dentro del bolsillo siempre que no la estéis usando.
La permanencia dentro del bar está limitada a un máximo de 30 minutos y a un número reducido de personas. Tampoco hay mucho que hacer dentro del bar, y esos 30 minutos se me antojan una eternidad para frioleros y aventureros.
La visita al bar cuesta R$30 (la entrada da derecho a una consumición de una pequeña bebida alcohólica; existen también zumos para el que no quiere ingerir alcohol). En la parte exterior del edificio nos habían dado un cupón de descuento por lo que acabamos pagando R$27 por la visita. ¿Vale la pena? Por la bebida a la que se tiene derecho claramente no. Pero si no se ha estado nunca dentro de un bar de hielo, se quiere tener una idea de cómo es, y no se tiene nada mejor que hacer en la próxima media hora, puede ser una experiencia muy divertida. Mucho más si se piensa que estamos en São Paulo, cortada por el trópico de Capricornio. Lugar inesperado donde los haya para encontrar un bar de hielo. La compañía eléctrica local lo agradece.
El Ice Espaço está en la Rua Purpurina 46, en el barrio de la Vila Madalena (localización en Google Maps). No hay una forma sencilla de llegar usando el transporte público. Lo más fácil es ir en metro hasta la estação Vila Madalena de la línea 2 (verde), y desde ahí tomar un taxi para cubrir la relativamente corta distancia hasta el bar. Caminando son quince minutos, pero no hay un camino fácil en línea recta.








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