Lo del aire que mata no es una figura retórica, por supuesto. Por lo menos en el caso de São Paulo. 12 personas mueren cada día en la ciudad víctimas de la contaminación. Más que en accidentes de tráfico o asesinatos (Pior do que assassinato). Del envenenado aire que se respira en São Paulo ya me había ocupado hace unos meses en El aire que respiramos y hace un poco menos en Calidad de vida (1): contaminación del aire.
Durante 30 días no ha llovido en São Paulo y el aire seco se ha unido al tráfico como tema estrella en los medios de comunicación. Todos los inviernos ocurre lo mismo. Como no hay precipitaciones, la capa de contaminación que se forma encima de la ciudad no se disuelve, y el deterioro considerable en la calidad del aire es sentido por todos. Los niños y las personas mayores son las que más sufren como resultado, y los hospitales y centros de salud no dan abasto para atender a todo el mundo que llega con problemas respiratorios y de otro tipo, también relacionados con la contaminación.
Lo más interesante es que los medios de comunicación, casi al unísono, han atribuido las molestias que padecen los paulistanos al clima invernal, sin apuntar el dedo al culpable real de la situación, las emisiones de gases de combustión. O, dicho en otras palabras, el sacrosanto automóvil. Escuchen, siempre hubo tiempo seco en invierno, y no por ello la población sufría los males que la asolan hoy en día. El coche ocupa un lugar tan intocable en el panteón del paulistano que, tanto de forma consciente como inconsciente, se le exime de la inmensa responsabilidad que tiene. Plantear una restricción mayor (radical sería el término adecuado) a la circulación de vehículos particulares es un anatema. Es más fácil echarle la culpa al tiempo.

Es interesante porque estos días esos mismos medios de comunicación hablan bastante de la precaria situación del aire en Pekín, donde dentro de poco se van a celebrar los Juegos Olímpicos. La palabra contaminación surge asociada casi de inmediato a los problemas del aire en la capital china.
Tanto en el blog Panóptico (A Missa da Toalha Umida) como en el Apocalipse Motorizado (A Cidade está Podre) han abordado esta historia de lavado cerebral. Están escritos en portugués pero los textos se entienden fácilmente. Son dos lecturas esenciales para el que quiere entender de una forma alternativa este modelo avanzado de caos urbano que es São Paulo.




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