Lamento por la Liberdade
El sábado subimos a la Liberdade y, tal y como nos imaginábamos, buena parte de los paulistas que no salieron de la ciudad durante el puente de Semana Santa, acudieron al barrio. Sus calles estaban abarrotadas.
Como siempre, nos divertimos bastante por sus calles, con las mil y una sorpresas que éstas guardan. Esta vez nos encantó descubrir algunas de las poquísimas casas del barrio que todavía conservan un estilo arquitectónico que recuerda a Japón.
Pero exceptuando algún pequeño descubrimiento (y un descubrimiento gastronómico gigante del que hablaremos dentro de unas semanas), la sensación que nos quedó después de pasar unas buenas horas en el barrio es que el deterioro progresivo del mismo es imparable. Si el barrio normalmente ya está sucio, lo de este sábado era demencial. El ayuntamiento no había realizado la recogida de basuras, y las calles de la Liberdade parecían un enorme vertedero urbano. Con las aceras atiborradas de gente, cada poco tiempo alguien tropezaba con las bolsas de la basura e iba a haciendo que esta se esparciera cada vez más.
Una buena parte de la calle Galvão Bueno, la más popular del barrio, se ha convertido en una sucesión interminable de vendedores ambulantes irregulares (un camelódromo). Resulta especialmente difícil atravesar el viaducto Osaka, transformado en una especie de rua 25 de março. Como no vimos ni un solo agente de policía en las 6 horas que estuvimos en el barrio entendemos que el Ayuntamiento de São Paulo es connivente con esta degradación del barrio. Vender productos relacionados con el barrio (como es el caso del vendedor de la siguiente fotografía con sus grandes éxitos de la televisión japonesa en DVD) no exime de culpa. Pero es que la inmensa mayoría de los ambulantes vende las mismas cosas que en el resto de la ciudad, una mezcla de productos piratas, productos robados y productos de ínfima calidad.
Si a la basura y a los ambulantes sumamos el carácter profundamente anticívico de muchos paulistanos, que insisten en llegar al barrio en coche cuando existen alternativas de transporte público eficientes, obtendremos un paisaje urbano desagradable, en el que el peatón lucha por sobrevivir, ya sea en las aceras, ya sea en el medio de la calzada, esquivando los carros. Da mucha pena ver a tantos y tantos abuelitos japoneses jugándose la vida para cruzar delante de los coches. En una ciudad normal, por la calle Galvão Bueno no circularían coches los fines de semana, sería un maravilloso paseo ciudadano al aire libre. Pero he dicho que eso ocurriría en una ciudad normal. São Paulo no lo es. Las autoridades no tienen el más mínimo interés de enfrentarse a los propietarios de vehículos particulares, y el que paga el pato es siempre el peatón y el usuario del transporte público.
Me entristece profundamente decirlo, pero paseando por la Liberdade uno ni se imagina remotamente que es la cuna de un pueblo que celebra este año con orgullo el centenario de su llegada a Brasil. Recuerdo algunos discursos oficiales cuando fueron abiertas las celebraciones del centenario. La Liberdade iba a ser transformada, dentro de poco sería la Tokio brasileña. Por lo que estamos viendo a través de sucesivas visitas, va más para Calcuta que para una ciudad japonesa. Ni a la señora del mural le está gustando lo que ve.
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Tony, que tristeza…será que é tão difícil assim cuidar de um bairro tão emblemático? Não é preciso muito, só um pouco de boa vontade para tornar a Liberdade um lugar para passear, porque hoje até isso está difícil. Ainda assim é um lugar bacana de ir, imagine sem tanto barulho, poluição visual e sujeira?
Dá arrepios pensar que a Liberdade está desse jeito no centenário da imigração japonesa que, além disso, é ano eleitoral. Dá para imaginar como será o próximo ano?