restaurante Chácara Santa Cecília
Esta es una reseña bastante inusual, escrita con el único propósito de relatar una experiencia de consumo y alertar a otros consumidores.
Fuimos a cenar al restaurante Chácara Santa Cecília, en el barrio de Pinheiros, un viernes por la noche. A la llegada, se nos entregó un papel (comanda) en el que los camareros van anotando las consumiciones que se van realizando, práctica habitual en bares y restaurantes.
Se nos informó también que había un cargo mínimo de R$30 por hombre y R$20 por mujer. No nos supo bien pero imaginábamos que se trataba de una consumición mínima, y como pensábamos que íbamos a gastar más que ese mínimo tampoco nos importó demasiado. Fuimos a confirmar con la encargada que, efectivamente, ese dinero daba derecho a consumir comida y bebida por el importe mencionado, y aquí vino la desagradabilísima sorpresa. No, esos R$30 y R$20 eran únicamente para entrar en el restaurante. La primera vez en toda mi vida que tenía que pagar simplemente por el mero hecho de entrar a un restaurante. Ni en los restaurantes más caros y sofisticados de São Paulo se paga para entrar. Y sin embargo, en la Chácara Santa Cecília les parece una práctica aceptable. Como se trababa de una reunión familiar y el lugar había sido elegido por la familia, no nos marchamos ni llamamos al PROCON (órgano de defensa del consumidor) para aclarar la situación.
Durante la cena el camarero nos informó que si pedíamos algún plato principal no tendríamos que pagar esos R$30/R$20. ¡Por qué no nos lo dijeron antes! Seguía sin parecernos bien lo de la consumición mínima, pero ahora nos parecía más aceptable. Pedimos cada uno un plato principal.
Cuando fuimos a la caja para pagar, ya saliendo del restaurante, vino una cuenta gigantesca en la que no se había descontado esos R$30 y R$20. Reclamamos y, para sorpresa nuestra, la encargada de la caja nos dijo que el camarero nos había informado incorrectamente, y que no existía tal descuento. Ahí sí que la sangre nos empezó a hervir, y como la encargada se dio cuenta de ello acabó concediéndonos el descuento.
Avisados estáis. El restaurante es bonito, la comida no tiene nada de especial y es bastante cara, el entrenamiento del personal es deficiente, y la práctica de cobrar para entrar es escandalosa. ¿Volveríamos? NUNCA JAMÁS.
En la guía de restaurantes tenéis una serie larga de restaurantes en los que sí que hemos tenido experiencias gastronómicas positivas.
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