restaurante Delhi Palace
El Delhi Palace es uno de los escasos representantes de la gastronomía india en São Paulo -se pueden contar con los dedos de una mano-. La ausencia de una significativa comunidad india en la ciudad explica esta reducida presencia.
El couvert del restaurante está compuesto por una samosa vegetal (una especie de empanada) y una selección de salsas dulces y picantes para comerlas acompañados de un delicioso pan naan.
Pedimos además unos pappaddoms (pan crujiente de lentejas) que no estaban a la altura de los que estamos cansados de probar en otros restaurantes indios. Además de ser muy caros.
Para acompañar los platos principales pedimos un arroz Mutter Palao típico del norte de India, cocinado con guisantes [arvejas, chícharos], anacardos y pasas. Delicioso.
Los platos principales vienen en una cazuela montada sobre un pequeño fogón – el carbón que arde en la parte inferior mantiene el plato caliente -. Esta vez pedimos dos currys de pollo. Mi chica eligió un Murg Korma, preparado con pedazos pequeños de pollo, curry y leche de coco. Un plato esquisitamente condimentado, con un sabor dulce y ligeramente especiado.
Yo quería algo más “poderoso”, y pedí un Murg Bhuna Massala, con pedazos grandes de pollo (incluyendo los huesos) cocinados en una salsa de curry, muchas especias y cebolla frita. Picante, pero sin exagerar. Casi no sudé (la transpiración corporal me sirve para medir el grado de picor de los platos). Lo de colocar pedazos grandes de pollo con los huesos no funciona muy bien y supone un auténtico peligro para la dentadura. La próxima vez me aseguraré de pedir algo con trocitos pequeños de pollo.
Con tanto nombre desconocido, y un celo un tanto exagerado por parte del camarero en retirar el menú de las mesas, no nos acordamos de los valores exactos pagados por cada curry. De R$25 a $30 cada uno – platos individuales pero bien abundantes -.
La decepción del día la puso el carísimo postre, un Kesar Pista Malai Kulfi descrito en el menú como un plato de la antigua monarquía india. Un helado con azafrán, pistacho, cardamomo y anacardo. Sin ser desagradable, no pasaba de ser un buen helado cobrado a un precio exhorbitante.
Incluyendo la bebida, acabamos pagando R$58 por cabeza. No es un restaurante barato, en algunas partes flojea bastante, pero sirve unos currys de primera. Y, voy a ser sincero, necesito revisitar la comida india de vez en cuando, para recordar ese aroma hipnotizante que subía del delivery indio en la puerta de mi casa en Edimburgo que acompañó cinco años de mi vida. En el mismo restaurante hay una pequeña tienda de comestibles en el que se puede comprar el imprescindible arroz basmati y diferentes ingredientes para preparar auténticos currys indios. Lo que para combatir el síndrome de abstinencia que supuso romper un lustro de contacto con la comida india (en su nada despreciable versión escocesa) supone todo un hallazgo.
Nuestra valoración: para el que ya conoce la comida india, el Delhi Palace no va a suponer ninguna sorpresa y, comparativamente, le va a salir mucho más caro que otras interesantísimas opciones étnicas que hay en la ciudad. El restaurante prepara unos currys muy buenos, pero realmente, se convierte en una opción recomendable únicamente si falta un curry en vuestra vida. ¿VOLVERÍAMOS?: Sí.
Restaurante Delhi Palace. Avenida Juscelino Kubitschek, 1132. Itaim Bibi.
Localización del Delhi Palace en Google Maps. El metro no pasa cerca del restaurante, pero se puede llegar fácilmente en taxi desde la avenida Paulista.
En la Guía de restaurantes del blog de São Paulo puedes ver el índice de todos los restaurantes que hemos visitado y reseñado hasta ahora.
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Gosto de comida Indiana apesar de não ser apaixonado.
Meus favoritos são o Chicken Tandori (comia quase um inteiro quando fui a India) e o Butter Nan.
No oriente tem que se ter cuidado coma pimenta, já que eles não perdem para os Baianos. Lembro de ter deixado um prato pela metade por causa pimenta…
Pois é, Rodrigo, o negócio da pimenta pode chegar a ser barra pesada mesmo. Em uma escala de 1 a 5, eu consigo comer pratos no nível 3. O 4 é uma loucura, e a pimenta do 5 é atómica.