
En su número del 21 de abril de 2008, la revista América Economía aupaba a São Paulo a la primera posición en el ránking de las Mejores Ciudades para hacer Negocios de América Latina.
En su párrafo introductorio la revista ya adelanta que “el alto potencial de los negocios en São Paulo logra compensar el caos urbano en la mayor urbe brasileña”. Toda una declaración capitalista de principios.
De hecho, ha sido ese potencial para los negocios, contemplados tanto desde la perspectiva del gran capital, como del desarrollo personal y familiar de los más humildes, el que explica el crecimiento colosal y disparado de São Paulo muy especialmente en la segunda mitad del siglo XX, crecimiento que continúa imparable entrado ya el siglo XXI.
La duda que algunos nos planteamos es cuándo el caos urbano va a amenazar esa lideranza de São Paulo en el terreno de los negocios. Sabemos que la distribución injusta de renta, el catastrófico sistema público de salud o la deficiente enseñanza pública no afectan de manera seria a los interés del capital. Pero otros factores como el tráfico (muy especialmente éste), la contaminación o la violencia comienzan a apuntar como elementos que pueden erosionar seriamente el estatus paulista.



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